Por Damary Santos Francisco

21 de marzo, 2022

Coge todo lo que puedas, pero no te dejes dominar. Ser dueño de uno mismo, ése es el truco de la vida.
-Libertad, repitió-. ¿Sabes tú lo que puede hacer libre a un hombre?
-¿Qué?
La voluntad, su propia voluntad, y le dará también poder, que es mejor que la libertad. Aprende a querer y así serás libre y mandarás.
Iván Turguénev

El anterior es un fragmento de Primer amor, de Iván Turguénev. Se trata de una conversación entre padre e hijo; el primero aconseja al segundo, de 16 años. La charla se origina cuando Vladímir Petróvich, así se llama el adolescente, se encuentra bajo los efectos del primer enamoramiento, ese estado tendente a la impulsividad y a la idealización del ser amado y de las circunstancias que le rodean. Como suele ocurrir a los enamorados, en Vladimir se combinaban estímulos fisiológicos y el condicionamientos del medio, por lo que el cristal para visualizar la realidad se le torna más subjetivo. ¿El objeto de su amor? Zinaída Aleksándrovna, una hermosa joven mayor que él, quien se complace en recibir sus atenciones como un medio para satisfacer su ego y practicar su poder de manipulación.

Vladimir ha sufrido carencias afectivas por parte de sus progenitores, por lo que vive el enamoramiento con el típico perfil que atribuye la Psicología a los hijos envueltos en tales privaciones, es decir, con alto grado de dependencia emocional, con implicaciones que van desde la obsesión por la compañía del otro hasta tolerar desplantes y humillaciones.

Piotr Vasílievich, el padre de Vladimir, es un hombre cínico e insensible, pero a la vez encantador, características habituales en las personas narcisistas. Su hijo lo admira y anhela ser objeto de su consideración, lo cual raras veces ocurre. Sin embargo, durante uno de esos escasos momentos en que le presta algo de atención, y al notar el sufrimiento que afecta al joven, el indolente progenitor le obsequia aquellas palabras citadas al inicio.

Distinto a su vástago, Piotr posee la capacidad de distanciarse de las emociones, es una facultad que suele utilizar en perjuicio de los suyos; sin embargo, esta le confiere mayor grado de objetividad para percibir el mundo; y esa característica, la objetividad, reviste bastante relevancia en el fragmento citado. Desde su egoísmo e insensibilidad, el consejo de Piort se enfoca en luchar contra el dominio que otro pueda ejercer sobre su persona; de ahí que el mérito lo atribuye a la acción de someter para no ser sometido. Así, no dejarse dominar es imponer la propia voluntad a través del autodominio.

El razonamiento de Piort introduce una premisa contundente: para no dejarse dominar es preciso haber superado la más retadoras de las dominaciones: la autodominación. Quien logra el autodominio ha desarrollado la facultad de orientar sus acciones hacia la consecución del comportamiento anhelado, en otras palabras, ha llegado a ser quien es. La persona que ejerce el autodominio no deja brecha para otras fuentes de dominación, pues la propia palabra implica el absoluto de la supremacía, propiciando la convivencia con los iguales desde la individualidad. Desde luego, tal nivel de autocontrol puede volcarse hacia la virtud o hacia el mal, en función del alma que lo posea. El mismo potencial de autodominación desarrollado por el más noble de los héroes, puede encontrarse también en el más cruel de los tiranos. Visto desde esta perspectiva, el consejo de Piort tiene otra implicación: todo lo que quieras tomar estará determinado por aquello que te domina.

Las bases del autodominio es el criterio propio, las propias convicciones, producto de la introspección que ha de generar el autoconocimiento, valorando y aplicando la norma que dicten los propios hallazgos. ¿Quién dominará a la persona que ya se reconoce a sí misma como dueña de sus pensamientos y de sus acciones? ¿Quién impondrá su voluntad allí donde los límites han sido definidos a la luz de la verdad?

El autodominio no debe ser confundido con la autorepresión, al contrario, es libertad; la libertad de ser fiel a la esencia del propio ser. Quien gobierna para sí mismo ha de procurar ser justo y coherente con su persona; y en la medida que logre esto, sabrá cómo comportarse respecto a los demás. Por eso debe insistirse en el autoconocimiento como base del autodominio, pues de la mimas manera que nadie puede presidir una empresa que no conoce, tampoco puede nadie determinar lo que conviene a sí mismo si no ha reflexionado profundamente sobre ello, para comprenderlo.

En resumen, ejercer la propia voluntad es el camino a la libertad; la libertad es poder, y nadie es tan poderoso como quien se gobierna a sí mismo.