Zygmunt Bauman │ Deseo y amor. Hermanos. A veces, mellizos, pero nunca gemelos idénticos

El siguiente es un fragmento del libro Amor líquido (2003), escrito por Zygmunt Bauman (1925-2017), sociólogo, filósofo y ensayista polaco-británico de origen judío.  La obra se enfoca en el amor. El miedo a establecer relaciones duraderas, más allá de las meras conexiones. Los lazos de la solidaridad, que parecen depender de los beneficios que generan. En Amor líquido Zygmunt Bauman revela las injusticias y las angustias de la modernidad. Pero también expresa su esperanza en el hombre, convencido de que es posible superar los problemas que plantea la moderna sociedad líquida.

El deseo es el anhelo de consumir. De absorber, devorar, ingerir y digerir, de aniquilar. El amor no necesita otro estímulo más que la presencia de la alteridad […].

Lo que se puede consumir atrae, los desechos repelen. Después del deseo llega el momento de disponer de los desechos […] el acto de deshacerse del seco caparazón se cristalizan en el júbilo de la satisfacción, condenado a desaparecer una vez que la tarea se ha realizado. En esencia, el deseo es impulso de destrucción […] el deseo está contaminado desde su nacimiento por el deseo de muerte. Sin embargo, este es su secreto más guardado y, sobre todo, guardado desde sí mismo.

Por otra parte, el amor es el anhelo de querer y preservar el objeto querido […]. Un impulso a la expansión,  a ir más allá, a extenderse hacia lo que está “allá afuera”. El deseo es ampliar el mundo: cada edición es la huella viva del yo amante […]. El yo amante se expande entregándose al objeto amado […]. El amor implica el impulso de proteger, de nutrir, de dar refugio, y también de acariciar y mimar, o de proteger celosamente, cercar, encarcelar. Amar significa estar al servicio, estar a disposición, esperando órdenes, pero también puede significar la expropiación y confiscación de toda responsabilidad. Dominio a través de la entrega, sacrificio que paga con engrandecimiento. El amor y el ansia de poder son gemelos siameses: ninguno de los dos podría sobrevivir a la separación.

Si el deseo ansía consumir, el amor ansía poseer. En cuanto la satisfacción del deseo es colindante con la aniquilación de su objeto, el amor crece con sus adquisiciones y se satisface con su durabilidad. Si el deseo es autodestructivo, el amor se autoperpetúa.

Como el deseo, el amor es una amenaza contra su objeto. El deseo destruye su objeto, destruyéndose a sí mismo en el proceso; la misma red protectora que el amor urde amorosamente alrededor de su objeto, lo esclaviza. El amor hace prisionero y pone en custodia al cautivo: arresta para proteger al propio prisionero.

El deseo y el amor tienen propósitos opuestos. El amor es una red arrojada sobre la eternidad, el deseo es una estratagema para evitarse el trabajo de urdir esa red. Fiel a su naturaleza, el amor luchará por perpetuar el deseo. El deseo, por su parte, escapará de los grilletes del amor.

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